Atribuyen a Durero una obra hallada en la tienda de souvenirs de la catedral de Viena

Publicado por on Ene 13th, 2020 y archivado en Cultura. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

El hallazgo ha sido totalmente casual, durante unos trabajos de restauración en la catedral de San Esteban de Viena. Sobre la gótica Puerta del Obispo, cubierta por siglos de suciedad y situada sobre lo que hoy en día es la tienda de recuerdos turísticos, los restauradores han destapado una pintura que desde el primer momento se perfiló como especialmente fina. Las pruebas de edad han determinado que data de principios del siglo XVI. Los exámenes de las partículas de color más pequeñas han descubierto un dibujo preliminar, que representa un altar alado pintado directamente sobre la pared.

Santa Catalina y Santa Margarita, motivos de la obra, aparecen representadas en las alas del altar y la riqueza de detalles es particularmente notable. «La calidad y las características del dibujo recuerdan inevitablemente a Durero», explica Bernd Euler-Rolle, director especialista de la Oficina de Monumentos Federales Austriaca (BDA), que ha convocado una conferencia de expertos para dilucidar si efectivamente corresponde la obra al máximo exponente del Renacimiento alemán. Y los especialistas coinciden en que los trazos y el estilo del dibujo son los característicos de Durero. Sólo hay un problema que impediría confiar con total tranquilidad en este diagnóstico y no es otro que no consta que Durero, a lo largo de sus 57 años de vida, llegase jamás a poner un pie en Viena.

Desde su Núremberg natal, Durero acudió a Basilea, en Suiza, aconsejado por los hermanos de Schongauer para buscar trabajo como ilustrador en lo que entonces era un centro europeo de publicaciones, un oficio que continuaría después en Estrasburgo. Posteriormente, en 1494 y en 1505, realiza dos viajes a Italia. En Venecia conoció al gran maestro Giovanni Bellini, entre otros artistas, y la Fundación de Comerciantes Alemanes (Fondaco dei Tedeschi) le encargó una obra importante: el retablo de «La fiesta del Rosario» (1506), hoy en la Galería Nacional de Praga. Pero en 1507 regresó a Núremberg, donde compró una casa de cuatro plantas que le serviría tanto de domicilio como de taller por el resto de su vida y en la que se dedicó a una ingente producción artística. Solo volvió a salir de allí en 1520, cuando se enteró de que Carlos I, sucesor de Maximiliano I, iba a viajar desde España a Aquisgrán para ser coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.

Durero había recibido una pensión anual por parte de Maximiliano y deseaba solicitar a Carlos I que la mantuviese, por lo que emprendió un viaje a Aquisgrán que financió vendiendo grabados y otras obras durante el trayecto. Cruzó los Países Bajos, entre 1520 y 1521, trayecto durante el que se le atribuye el San Jerónimo en meditación que se custodia en el Museu Nacional de Arte Antiga de Lisboa y que pintó en Amberes para el diplomático portugués Ruy Fernández de Almeida. Escribió en su diario acerca de un viaje a Gante plagado de aventuras, así como sobre sus audiencias con los monarcas y encuentros con Lucas van Leyden. Pero desde allí regresó a Núremberg, donde habría de permanecer hasta su muerte, el 6 de abril de 1528, sin que Viena si su catedral aparezcan citadas en ningún documento referente a su biografía.

Indicios y evidencias

En la conferencia celebrada bajo el título «Dürerzeitliche Wandmalerei im Wiener Stephansdom» (Frescos de la Catedral de Viena en los tiempos de Durero), ha sido presentado sin embargo un indicio de lo contrario. El historiador de arte Michael Rainer ha recordado que «en la biografía de Durero de Joachim Sandrart, queda resgistrado que el emperador Maximiliano I ordena al artista que «marque algo grande en la pared»». «Ahora podríamos haber encontrado la ubicación de esta anécdota, que hasta ahora se habría malinterpretado como una mera leyenda», sugiere Sandrart, cuya propuesta será recogida en un volumen de próxima publicación del «Austrian Journal of Art and Monument Conservation».

«Lo que es seguro es que nos encontramos ante una serie de evidencias que llevan al equipo de investigación a deducir que el autor fue Durero», afirma el director gerente de proyecto, Markus Santner, una teoría que defiende también Bernd Euler-Rolle, para quien «hay pruebas suficientes de la autoría en la calidad artística y en las características del detalle». Erwin Pokorny, que participó como especialista en Durero en el catálogo de la exposición actual sobre el pintor renacentista en la Albertina, no alberga tampoco dudas acerca de la firma de Durero en la obra recién descubierta. «La pregunta ha dejado de ser ya si Durero estuvo alguna vez en Viena, para convertirse en la cuestión sobre cuándo estuvo Durero en Viena, porque la virtuosa pincelada muestra claramente su letra», ha asegurado, avalando la teoría de la autoría.

Para preservar y desarrollar el trabajo, el Departamento de Conservación y Restauración de la Oficina de Monumentos Federales ha implementado un proyecto de conservación e investigación, en cooperación con los administradores de la catedral de San Esteban.

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