Pucará de Aconquija, Patrimonio de la Humanidad en Catamarca

Publicado por on Ene 1st, 2017 y archivado en Avisos a la Población, EL PAIS Y EL MUNDO, Turismo. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

pucara-aconquija_03Por Gustavo Espeche Ortiz.

El Pucará de Aconquija fue la mayor fortaleza del imperio inca del sur y los restos de sus construcciones precolombinas, convertidos en un importante atractivo turístico y arqueológico, resisten al tiempo en una aplanada cima de las verdes serranías del oriente catamarqueño. Por formar parte del Camino del Inca también está incluido entre los sitios Patrimonio de la Humanidad desde 2014, cuando la Unesco otorgó esa categoría a la Red Vial Andina que trazó aquel imperio en Sudamérica.

 

Una muralla de unos 3.000 metros y de hasta tres metros de altura, que sigue la línea del terreno por las faldas de los cerros, en algunos sectores entrecortada, conforma el perímetro de la fortaleza que alberga más de un centenar de viviendas, barracas y depósitos en una superficie cercana a las 380 hectáreas. El valor estratégico y defensivo que tuvo el Pucará de Aconquija no sólo se comprueba desde esa cima, que domina todo el Campo del Pucará y las serranías adyacentes, sino por la dificultad que presenta su ascenso por senderos pedregosos, resbaladizos y sinuosos desde la base del cerro, sólo unos 300 metros más abajo.

El sitio está a unos 240 kilómetros de San Fernando del Valle, en la zona de Las Estancias, departamento de Andalgalá, y el trayecto previo desde la localidad más cercana, Buena Vista, es de unos 17 kilómetros por un camino de ripio que vadea varias veces el río Potrero y corre entre amplios campos bordeados por las sierras de Aconquija. Las laderas azuladas, con los picos siempre nevados de los cerros Candado y Aconquija, se destacan al este sobre los verdes sembradíos de una de las zonas más fértiles de Catamarca -se cultiva exclusivamente «papa semilla» de alta calidad-, matizados de pequeñas flores silvestres de variados colores.

El camino culmina en el Paraje Pucará, junto al río del mismo nombre, donde se encuentra una escuela rural y la casa del cuidador del sitio arqueológico, donde se registra la entrada de todo visitante para controlar si regresa antes de la caída del sol. Los sauces que bordean el arroyo Las Chilcas son el último verde fresco que se verá en el camino hacia las ruinas, ya que luego sólo habrá sombra de unos pocos algarrobos de hojas oscuras y después el sol pleno entre cactus y vegetación baja y matorrales, con algunas flores casi al nivel del suelo.

EL PASEO

Los guías aconsejan llevar suficiente agua, sombrero y protector solar, algo que todos los visitantes agradecen tras el primer cuarto de hora de subida, ya que en el verano el sol se mantiene impiadoso en el cenit durante muchas horas, y el calor no sólo llega de arriba sino también desde el suelo, por refracción en las piedras.

Los pies se hunden levemente o resbalan a veces en el pedregullo de los estrechos senderos que zigzaguean, a veces en ángulos muy cerrados, en una pendiente pronunciada. A medida que se asciende, el paraje Pucará, su escuela y el puesto del cuidador parecen pequeñas piezas de cartón en el fondo de la quebrada.

El ascenso que realizó Prensa Pura Digital junto a otros medios fue sin apuro y con tiempo para observar y disfrutar del paisaje, por lo que llevó casi una hora empezar a ver los primeros restos de paredes hechas de piedras encimadas, sin argamasa, características de las construcciones incas. De todos modos, hay algunas variantes arquitectónicas, que según los guías se deben a que el Pucará fue edificado por diversas etnias sometidas por el Imperio, y los trabajadores esclavos, quizás como signo de rebeldía o porque era su forma de construir, colocaban las piedras de diversas maneras.

Al llegar a la cima, en la planicie verde surgen numerosos recintos sin techo -ser han contabilizado más de 130- de forma mayormente rectangular, además de la larga muralla que se pierde en las leves ondulaciones para reaparecer a lo lejos y cerrarse en un perímetro defensivo más allá del alcance de la vista. También se advierte lo que queda de una gran plaza o espacio abierto que une dos sectores principales, del sur y del norte; el primero con dos conjuntos de recintos y el norteño con un solo grupo.

En la zona norte, entre dos murallas separadas por una «silla», sobre la quebrada en que nace el arroyo Las Chilcas, se ven restos de una calzada de piedra como las del Camino del Inca, que pudo ser uno de los principales accesos a la fortaleza. Los arqueólogos que estudiaron el lugar aseguran que las interrupciones en la muralla perimetral no son producto del desgaste del tiempo -se calcula que el complejo tiene algo más de 500 años-, sino partes que quedaron sin construir cuando el fuerte fue abandonado por los incas, probablemente tras la llegada de los españoles.

A diferencia del Campo del Pucará, donde quedaron muchos vestigios arqueológicos, en el predio de la fortaleza no se hallaron enterratorios y había pocos restos de alfarería, lo que indicaría que fue utilizada durante un período breve y sólo para actividad militar defensiva.

Además de recorrer las ruinas y satisfacer la curiosidad visual en cada vericueto, es bueno dedicarle también un tiempo a contemplar el paisaje, en el que el verde de los prados llega hasta las montañas más oscuras y asciende hasta el cielo infinito que vira del celeste al naranja en unos atardeceres de postal.

También hay que guardar fuerzas para el descenso, que suele ser más doloroso para los músculos que la subida por la irregularidad mencionada del terreno, y más de uno tiene alguna repentina sentada cuando las piernas flaquean debido al cansancio.

PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

El sábado 21 de junio de 2014, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, en la 38ª reunión de su Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, en Qatar, declaró Patrimonio Cultural de la Humanidad al Qhapaq Ñan o Camino del Inca, porque «representa un valiosísimo patrimonio común de casi 60.000 kilómetros de extensión”. La Red vial Andina une a Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Argentina, pasando en este país por siete provincias.
En Catamarca, la Red incluye el Pucará de Aconquija y un tramo de 800 metros de camino asociado que une los restos de la gran fortaleza de piedra con el sitio del Bajo. Las otras seis provincias con trazados de este histórico camino, que si bien se consolidó durante el Imperio Inca en el siglo XV tiene más de 2.000 años de antigüedad , son Salta, Jujuy,  La Rioja, Tucumán, San Juan y Mendoza
El Pucará de Aconquija fue antes declarado Monumento Histórico Nacional y Parque Arqueológico Provincial, ya que representa una obra arquitectónica monumental que permite dar cuenta de la envergadura de la infraestructura requerida por los incas a la hora de expandir sus dominios, y de la compleja interacción mantenida con las sociedades conquistadas.
Fotos: Gustavo Espeche Ortiz.

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