Dujovne: El pensamiento económico del ministro que deberá bajar el déficit

Publicado por on Dic 27th, 2016 y archivado en EL PAIS Y EL MUNDO. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

5271341a0d464_660_360Nicolás Dujovne es economista y consultor y, según se pudo saber, recién hoy lunes se enteró que a partir de la semana próxima pasará a ser ministro de Hacienda, en reemplazo del desplazado Alfonso Prat Gay. En su calidad de columnista de La Nación y del programa de TN, Odisea Argentina, el flamante ministro lleva un año haciendo recomendaciones y críticas a la política económica de Macri.

Seis días atrás, en su última columna, Dujovne resaltaba que para el 2017, “alcanzables o no”, ya hay metas de inflación y un programa claro a diferencia de lo que sucedía en el resto de las carteras vinculadas a la economía, en particular Hacienda: “En materia fiscal, la principal duda de los inversores se refiere a la capacidad del Gobierno de reducir el déficit”.

“En otras áreas de la política económica no existe una visibilidad semejante (a la del Banco Central) acerca de los objetivos buscados ni del método para lograrlos. Llenar ese vacío programático y comunicacional de manera coherente entre las distintas áreas tiene que ser, a partir de ahora, el objetivo número uno del Gobierno”, afirmaba el 20 de diciembre sin saber que él iba a encarar ese desafío con un Ministerio de Hacienda aún más balcanizado y despojado de la hasta hoy secretaría de Finanzas Públicas.

“¿Es un objetivo de mediano plazo del Gobierno mantener o incluso reducir el gasto en términos reales? No lo sabemos, pero si lo fuera, debería explicarlo: ayudaría a resolver la mayor incógnita macroeconómica de la Argentina”, criticó Dujovne una semana atrás a la vez que consideraba que “En esta gestión no hay una voz unificada que responda esas preguntas claves”.

En este sentido, el futuro ministro -que siempre fue crítico de la falta de control fiscal- sugería un congelamiento del gasto público similar al que Michel Temer impuso en Brasil: “Si el Gobierno lograra mantener el gasto congelado en términos reales por los próximos cinco años y la economía creciera 3% por año, el gasto en relación con el PBI bajaría de 45% a 39% en 2021. Y si esa estabilidad del gasto permaneciera por diez años, caería hasta 34% del PBI en 2026”.

‘El efecto Trump exige otro programa que defina la gestión por objetivos concretos y por una descripción metódica de cómo serán alcanzados’, escribió Dujovne. Estas definiciones son las que se esperan de él tras su asunción la semana próxima.

Defensor a ultranza de la independencia del Banco Central, la trasparencia institucional y el equilibro fiscal, el 5 de septiembre pronosticaba un 2017 con crecimiento por el ingreso de capitales con atraso cambiario, aunque con “sábana corta” para los sectores de baja competitividad externa.

Respecto de esta última, en otra de sus columnas resaltó que, por el frente externo, hay otros costos –en esencia, de transporte e impuestos distorsivos- que afectan tanto o más a la competitividad que el precio del dólar y que forman parte de los desafíos de este Gobierno.

A su vez, por el frente interno, advertía que “si el Gobierno sigue manteniendo un nivel muy elevado de gastos en bienes y servicios que no se comercian con el resto del mundo y financiando el déficit colocando bonos externos para luego vender los dólares localmente, la apreciación del peso será inevitable y después de un tiempo el mercado se tomará revancha recreando una nueva montaña rusa cambiaria”, sumando más críticas a la falta de reducción efectiva del déficit.

Si bien antes del 8 de noviembre, Dujovne veía un futuro con abundancia de financiamiento para el déficit fiscal de 7% del PBI en 2017, tras las elecciones en Estados Unidos revirtió su análisis sobre el acceso al financiamiento: “Luego de la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, el mundo financiero se ha vuelto algo más hostil y la Argentina ha sido uno de los países más castigados por los inversores. Ello genera nuevas exigencias: el programa inicial debe ser continuado por otro que defina la gestión ya no por la negativa, sino por determinados objetivos concretos y por una descripción metódica acerca de cómo serán alcanzados”. Estas definiciones son las que se esperan del flamante ministro tras su asunción la semana próxima.

“Quien asuma en diciembre no contará con mucho tiempo. Para suplir esa escasez, el programa económico debe ser muy potente. La opción no será shock versus gradualismo, sino calidad e inteligencia versus improvisación», dijo en 2015 quien ahora tendrá la oportunidad de armar un programa, sospechan los analistas, con menos gradualismo y más ajuste del enorme rojo de las cuentas públicas. Él mismo estimó que el déficit se ubicaría en 5,6% del PBI de no ser por el salvavidas del Blanqueo y que para el año próximo estimó en al menos 2 puntos porcentuales del PBI por encima de la meta fiscal del 4,2% fijada por Prat Gay.

 

Reforma tributaria urgente: el blanqueo que no fue 

En una de sus últimas columnas titulada “Por qué no arranca la economía de Macri”, el futuro ministro diagnosticó que la actual recesión -que redujo el producto interno bruto (PIB) 2,4% en un año- se debe, en parte, a la herencia de altos inventarios (-0,3%) y el efecto contagio de Brasil (-0,8%). Pero también tiene explicaciones por las que el Gobierno tiene razones para buscar la culpa puertas adentro. En especial, la caída del consumo por la pérdida de poder adquisitivo de los asalariados informales.

Para Dujovne, “El Gobierno perdió la oportunidad de hacer dos blanqueos a la vez: el de los activos no declarados de la clase alta y uno que incorporase a la economía blanca el empleo informal de los sectores más desprotegidos. Avanzar en los dos a la vez hubiera sido revolucionario”, que son los que más rápido mueven el amperímetro del consumo.

‘El Gobierno perdió la oportunidad de hacer dos blanqueos a la vez: el de los activos de la clase alta y uno que incorporase a la economía blanca a los sectores más desprotegidos’, remarcó Dujovne.

«El 35% de los trabajadores argentinos son empleados informales. Su sueldo promedio es menos de la mitad que el que reciben los empleados en blanco. En la economía informal el desempleo es muy alto: de los 1,2 millones de desocupados que relevó el Indec en el segundo trimestre, la gran mayoría provenían de actividades informales. Allí, los salarios nominales y los empleos no son defendidos por nadie, y cuanto más aguda es la recesión o la inflación, más tardan en recuperarse el empleo y el poder de compra de los salarios”, explicó el flamante ministro en su columna del 22 de noviembre en la que anticipó que antes o temprano la economía va a arrancar.

Para Dujovne, con un costo salarial 40% por encima del salario de bolsillo y una justicia laboral que desalienta la empresa, el país se vuelve “inviable”. Por eso, en esta columna, consideró necesario hacer una reforma tributaria «urgente» que baje a la mitad la carga impositiva sobre los salarios, al a vez que se da un incentivo y ultimátum a los empleadores para poner en regla la situación de sus contratados en negro.

Esta reforma tendría un costo de 3,5% del PBI, “pero casi un punto se recupera de inmediato por el aumento en la recaudación de Ganancias en las empresas y del IVA por el aumento en el consumo que provocaría la mejora en los salarios de bolsillo ante las menores cargas personales. Otra parte sustantiva se recuperaría por el blanqueo de parte de los tres millones de empleados en negro”, estimó el economista que concluyó que “con una situación social angustiante, la agenda de reformas es urgente”.

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