La Ruta del Vino de La Rioja conjuga paisajes, paladar y amistad

Publicado por on Dic 18th, 2016 y archivado en Columnistas, EL PAIS Y EL MUNDO. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

ruta-del-vino-la-rioja_13Por Gustavo Espeche Ortiz.

Consolidada como cuarta provincia productora de vinos de Argentina, La Rioja no sólo ocupa un importante lugar en el mercado vitivinícola con su «auténtico torrontés riojano» e innovaciones en tintos con muy buenos resultados, sino que combina este rubro con el turístico. La Ruta del Vino de La Rioja ofrece al turista disfrutar de los sabores y aromas particulares de esta bebida en la provincia, al poner a su alcance fincas y viñedos artesanales e industriales, y a la vez adentrarse en caminos que atraviesan la historia, paisajes y la cultura, acompañado por los siempre amistosos anfitriones riojanos.

De la mano de su varietal insignia, el torrontés riojano -que no tiene relación con el español sino que es originario de esa tierra colorada- la provincia tiene no una, sino varias rutas del vino, como la del Valle de Famatina, la sierra más alta del mundo, en especial en los alrededores de la segunda ciudad de la provincia, Chilecito, y en los llamados Pueblos de la Costa, una serie de localidades y pequeños poblados sobre la costa del cordón del Velasco, el otro gran macizo riojano. Cualquier época del año es ideal para conocer las actividades que se desarrollan en las diversas estaciones, desde la pintoresca vendimia, hasta los procesos de injertos y de laboratorio, el envasado artesanal o la distribución industrial.

En La Rioja conviven bodegas unipersonales, que producen no más de mil litros por año, con otras familiares, con producciones que llegan a los 4.000 litros, y las industriales, que distribuyen su gran producción a nivel nacional o exportan a países del hemisferio norte, como Inglaterra y Estados Unidos y destinos tan exóticos como China. En cualquiera de los casos, estas bodegas se encuentran en un marco paisajístico que rompe con la tradicional imagen de La Rioja como una tierra rojiza, árida y de clima tórrida, para invitar al turistas a recorrer valles verdes, con viñedos entre otra variada vegetación e hilos de agua, tanto arroyos naturales como acequias para riego, aunque siempre con el fondo de montañas multicolores bajo su diáfano cielo azul.

La excelencia de los vinos riojanos encuentra explicación en una combinación de bondades climáticas, suelo y relieve, pero también en particularidades naturales y los factores geográficos. El cultivo de la uva llegó a La Rioja de la mano de su fundador, el español Ramírez de Velasco, en 1591, y los sacerdotes dominicos y jesuitas fueron quienes comenzaron con la actividad en el Valle de Antinaco, actual Departamento Chilecito.

FAMATINA

En el pequeño pueblo de Pituil, casi en el kilómetro 4.000 de la mítica Ruta Nacional 40 en pleno valle de Famatina, Eduardo Castro trabaja solo en su bodega familiar, y produce unas mil botellas por año, que se consumen entre los casi 900 habitantes del lugar y sus alrededores. En diálogo con Prensa Pura Digital contó que elabora un vino artesanal, de fabricación unipersonal, que se llama «Don Horacio» en homenaje a su padre. El pequeño establecimiento es una antigua construcción de ladrillos, donde también produce dulce de membrillo artesanal, presente en el departamento Famatina desde 1902, por obra de su abuelo Segundo Castro.

En las afueras de Chilecito se encuentra Anguinán, otro pueblo aunque con aspiraciones de ciudad, que tiene más de 30 mil habitantes y allí Pedro Céspedes inició también la producción artesanal con una pequeña viña que tiene al fondo de su vivienda. Céspedes se define como «hacedor o elaborador de vinos caseros», en su caso de la marca «Cruces de Anguinán», en referencia a las cruces que en un cerro vecino a su vivienda marcan las 14 estaciones del Via Crucis, y donde se realizan peregrinaciones para fechas santas. Este hombre es uno de los creadores de la Asociación de Vinos Caseros de Anguinán, compuesta por pequeños productores que elaboran hasta 4.000 litros anuales.

En la comuna de Vichigasta, dentro del mismo departamento Chilecito aunque en el otro extremo productivo, se encuentra la finca Valle de la Puerta, una moderna bodega que produce unos tres millones de litros por año y exporta a los cinco continentes. El establecimiento, creado en 1994 y considerado uno de los más avanzados a nivel tecnológico en Argentina, también produce aceitunas de diversas variedades. Los visitantes pueden hacer paseos para ver el proceso productivo puertas adentro, pero también por sus 900 hectáreas de viñedos y olivares, a pie o en bicicleta, y hasta encargar la preparación de un asado para el almuerzo.

El gerente de La Puerta es Javier Collovati, un ingeniero agrónomo que aseguró a este diario que la mejor cepa con que cuentan es la bonarda, aunque como todos los establecimientos de la zona produce el tradicional torrontés riojano y otros varietales, como, malbec, cabernet sauvignon y varios blends.

EN LA COSTA

En los llamados Pueblos de la Costa, a lo largo de la ruta provincial 75 y donde el verde de los valles contrasta con el suelo rojizo y las montañas azuladas, hay también numerosas bodegas familiares. Entre otras, este diario visitó Finca Lomas Blancas, en Sanagasta, que era de producción artesanal y ahora entró en el nivel industrial, o Casa India, en Agua Blanca, que se encuentra entre los 114 productores de vino caseros que tiene La Rioja sobre un total de 900 en todo el país.

En Aminga, cabecera del departamento de Castro Barros, el turista puede visitar una histórica bodega que estuvo 30 años abandonada y fue puesta nuevamente en funcionamiento en los últimos cuatro años. Se trata Bodega y Fincas Aminga, que originalmente fue una cooperativa fundada por Juan Domingo Perón a mediados del siglo pasado, para regular los vinos de la zona, reabierta en 2012 a través del sistema Sapem (Sociedad Anónima con Participación Estatal Mayoritaria), un método muy utilizado en La Rioja para diversos emprendimientos industriales y productivos,  en este caso con un 99% de participación del Estado.

El empresario asociado al Estados riojano es Raúl Chacón, quien gerencia la bodega que en 2015 produjo 130 mil litros de vinos bonarda, malbec, cabernet y torrontés riojano. Su marca estrella es Febrero Riojano, un torrontés que obtuvo varios premios nacionales, y que él asegura que «busca ser la expresión riojana, al punto que en las etiquetas van obras de arte de artistas de nuestra provincia». Desde la bodega, Chacón también organiza paseos por los alrededores, entre los cerros cargados de cardones, con vistas a restos arqueológicos, y se puede encargar un almuerzo en su finca.

Estos son sólo algunos ejemplos de pequeños y grandes productores de esta producto turístico riojano llamado La Ruta del Vino, en el que los visitantes pueden combinar gastronomía con catas de vinos, conocer nuevos productos de esta industria -algunos exclusivos del lugar- y compatir paseos o una mesa y sobremesa con los viñateros del lugar. La Ruta también atraviesa otras localidades, como Nonogasta, Villa Castelli, Vinchina, Anillaco, San Blas de los Sauces y Sanagasta.

Fotos: Gustavo Espeche Ortiz.

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