Por “buenos, bonitos y baratos”, empresas españolas incorporan cada vez más pasantes

Publicado por on May 31st, 2010 y archivado en Management. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

Ante la crisis europea, crece la cantidad de compañías que recurre a becarios para sustituir provisoriamente la eliminación de ejecutivos y mandos medios.

Países como España, Irlanda y Portugal afrontan por estos días serias dificultades por la evolución de sus finanzas públicas y al, no poder recurrir a la devaluación de su moneda por formar parte de la zona euro, para restablecer la competitividad, tendrán que asumir «grandes sacrificios», según Olivier Blanchard, el economista jefe del Fondo Monetario Internacional (FMI).

El contexto corporativo español es diáfano: ante la crisis desatada por la burbuja inmobiliaria las empresas deben resolver disminuir costos para seguir operando, maximizando sus inversiones y buscando más beneficios.

Bajo esta premisa, se desinvierte en el continente europeo y se direcciona el trabajo a países con mano de obra más barata. Las organizaciones se adaptan y no hay “buenos” ni “malos”, simplemente son las reglas del juego al que están atados grupos empresarios, compañías y Pyme por igual; por lo tanto, las personas que las integran.

En la actualidad son pocos quienes discuten, al menos en países desarrollados, que la tecnología implementada marque un diferencial entre compañías, simplemente porque la tendencia de la misma tiene tres características: cada vez da saltos más grandes, cubre un espectro más amplio e integrado y sus costos son menores posibilitando el rápido acceso y recambio en organizaciones o sectores históricamente segregados. Sin embargo, el diferencial si lo hacen otros “recursos”, como los humanos.

En este escenario y con el fin de optimizar y reducir el presupuesto, las corporaciones buscan personas que estén capacitadas para una tarea específica pero no lo suficiente como para demandar un salario acorde a sus conocimientos.

De esta necesidad, y la conjunción con las leyes de flexibilización laboral, muchas veces se encuentra la respuesta en la figura del convenio de colaboración entre la empresa, la universidad y el estudiante; es decir, el pasante.

Los pasantes surgieron hace años por diversos intereses y necesidades: el contexto global corporativo requería cada vez más profesionales especializados, con experiencia, dinámicos y jóvenes; la necesidad de las universidades y terciarios de responder a esto, insertando sus estudiantes en ámbitos laborales para que puedan contar con prácticas previas a recibirse, aumentando así su prestigio –sobre todo las privadas- por ello; y, por último, el interés del gobierno de turno en ajustarse a una tendencia global que favorece la retención de inversiones abaratando la mano de obra, sobre todo en países con escasas o bajas posibilidades para generarlas.

Esta forma de colaboración está fuera de toda relación laboral porque para que pueda existir dicho vínculo, el trabajador tiene que ser dado de alta en la seguridad social por parte de la empresa, con firma de contrato y cotización mensual en función de su retribución, horario, y tipo de contrato. Esto implica un importe que las compañías hoy no están dispuestas a asumir.

Sin embargo, es entre las formas legales la del pasante un convenio de colaboración que interesa; ¿Por qué? porque los estudiantes “tienen” la necesidad de hacer prácticas para insertarse en el ámbito laboral y así “aplicar” lo estudiado, las corporaciones sin este acuerdo serían reticentes a contratarlos y el gobierno no podría hacerse cargo de esta población activa.

Es un convenio porque en él acuerdan la entidad educativa, la organización y el estudiante para dar trabajo efectivo al educando, de forma que pueda poner en práctica sus conocimientos por tiempo determinado.

No obstante, debido a que no es una relación laboral en el sentido estricto, la empresa cuenta con ciertos beneficios: no está obligada a dar de alta en la seguridad social al pasante ni a respetar el convenio colectivo de los trabajadores aplicable en la firma, no tiene la obligación de cotizar por el becario y, en consecuencia, tiene un ahorro considerable en cuanto a los costos; con un único perjuicio: el de asegurar a quien realice prácticas unas funciones que guarden relación con los estudios que esté cursando.

En principio, los beneficios de los que gozan las organizaciones no son obligatorios de ser dados a los pasantes porque, teóricamente, la compensación de estos no es económica sino que la misma reside en la práctica profesional.

Aún así, por los abusos que la práctica suele hacer sobre la teoría, casi todos los convenios hechos por las entidades educativas incluyen una cláusula que resguarde alguna utilidad, sobre todo la paga bajo diferentes conceptos, siendo “viáticos”, “comida” o “estimulación” los principales.

Las empresas son organizaciones con fines de lucro y, al buscar optimizar sus gastos para sobrellevar la crisis, encuentran de fácil aplicación una sencilla fórmula: mantener directivos y jerarquías altas eliminando los ejecutivos o mandos medios, quienes suelen ser profesionales con sueldos altos y despidos baratos; en su lugar, pasantes, con convenios definidos en tiempo y dinero, ingresan asumiendo tareas básicas que luego irán aumentando en dificultad y cantidad; mientras tanto, a los quehaceres cotidianos que deben gestionar los directivos, se agregan aquellos que los becarios todavía no pueden o no saben realizar.

Habrá pasado entonces bastante agua bajo el puente cuando la situación económica se estabilice y todo vuelva a su lugar. Las fichas están puestas y las reglas del juego son claras: ¡a jugar!

Comenta la noticia


Directora: Cynthia Chiappari | E-mail: prensapuradigital@gmail.com | Whatsapp: (0294) 154247182 / Redes Sociales: Facebook// Instagram// Linkedin// Twitter// #DESDE 2010, CON VOS. INFORMÁNDOTE.

Acceder / Diseño web por Prensa Pura Digital