¿ Por qué Mentimos?

Publicado por on May 5th, 2010 y archivado en Cultura. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

Desde la mentira inocente, la piadosa o la que encierra alguna oscura intención, todos las decimos en mayor o menor medida; claves para descubrir cuando nos engañan.

Si bien, por estructura, hay cerebros con más capacidades que otros, mentir es un aprendizaje que se inicia a muy temprana edad. Todo padre siempre amenazó con castigar a su hijo en caso de descubrirlo en una mentira. Sin embargo, por historia, los padres son, para sus hijos, los primeros «maestros de la mentira». Ellos nos enseñaron a fingir y atentar contra la verdad por temor a ser castigados.

Cuando en cada cumpleaños las tías vienen con un regalo horrendo e inútil para los ojos de un niño, todo sobrino, ya desde los tres años, está prolijamente entrenado y capacitado para poner la sonrisa más falsa y el «gracias» que no se lo creía ni Dios.

Partamos de una idea esencial: las mentiras tienen relación directa con la autoestima. Mentimos cuando nuestro ego se ve amenazado o cuando, a toda costa, 

queremos sacar provecho de una situación. En este contexto, no es difícil entender que la mentira es un mecanismo de defensa, un arma más para la supervivencia. Pero como en todo, hay un límite.

Aquí, una primera diferencia esencial. Están quienes en este laberinto de espejos sienten culpa, remordimiento o, al menos, incomodidad. Así como están quienes no padecen ni el más mínimo estrés en el intento. Aunque cueste creerlo, hay muchos hombres y mujeres entrenados para el engaño, sin siquiera sentir que están mintiendo. En mayor o menor escala, se convierten en fanáticos de sus capacidades mitómanas y se enorgullecen de hacer negocios o manipular al otro.

La mentira no discrimina escenarios. Mienten jefes y empleados, maridos y esposas, alumnos y maestros. Todos mentimos varias veces a lo largo del día. En verdad, segunda diferencia esencial, hay tantos mentirosos como tipo de mentiras podamos identificar.

¿Cuántos tipos de mentiras podemos suponer?: La mentira inocente , muy común en la vida social, la nos evita herir emocionalmente a los demás. La mentira beneficiosa o solidaria , la que se usa para tratar de ayudar a los demás. La mentira maliciosa , las que se dicen por venganza, para obtener algún beneficio o ganar en situaciones competitivas. La mentira engañosa , la más perversa, porque pretende hacer daño o aprovecharse de la situación sin escrúpulos. También está el autoengaño , que permite que uno abuse del alcohol, el tabaco o la comida sin sentirse adicto o desconociendo el daño capaz de ocasionarse a sí mismo.

Cuando hubo que aprender a mentirle a las tías por temor al castigo, cuando hubo que gritar «yo no fui» (con las manos en alto, por supuesto, para ser más creíbles) por temor a la condena, lo que hubo en esa experiencia, como en tantas otras similares, fue una primera lección de lo que, año a año, serviría para «zafar» de los peor. Sin saberlo, desde chicos nos entrenamos para la mentira y, con más o menos pudores o culpas, es durante la adolescencia cuando se suele sacar mayor provecho del «bonus» . Eso sí, llega un momento en la vida en el que, naturalmente, se opta entre dos caminos: uno, el de ser parte de las estadísticas que sostienen que a partir de los 30 se empieza a mentir menos; o el otro, en el que de tanto practicar se han conseguido las herramientas necesarias para desatar «ciertas pasiones profesionales inescrupulosas».

Sin ánimo de generalizar y mucho menos con intenciones de dar nombres (valga la ironía), muchos de los llamados «mentirosos naturales» ? quienes han aprendido a mentir desde muy chicos para evitar castigos- se han convertido en brillantes abogados, políticos, comerciantes y actores.

Algunas pistas para descubrir mentiras

1. El que miente evita cualquier referencia a su persona en sus mentiras, así como la utilización de palabras como «yo» o «mí».

2. Evitan mencionar el nombre de la persona sobre la que mienten.

3. Ofrecen una «representación» impecable.

4. La voz del que miente sube de volumen debido a la tensión asociada con la mentira.

5. Cuando habla se come las palabras

6. Honestamente, sinceramente, francamente, son algunas de las palabras y frases que comúnmente indican un intento de engaño

7. «Créeme», significa, a menudo, lo contrario.

8. Hay un aumento significativo del movimiento de las manos hacia la cara.

9. La sonrisa se muestra torcida.

10. Aumenta el pestañeo.

11. El mentiroso diestro mira hacia su izquierda mientras miente y el mentiroso zurdo, hacia su derecha.

12. Es muy común la contracción de los músculos faciales.

13. Brazos y/o piernas cruzadas.

14. Dilatación de las pupilas.

15. Gestos que entran en contradicción con las palabras.

16. Muestras de excesiva amistad o carcajadas.

17. Expresiones tipo que se usan más frecuentemente para convencer de que se está diciendo la verdad:

– «Confía en mí»

– «No tengo ninguna razón para mentir»

– «Hablando francamente»

– «Te digo la verdad»

– «¿Por qué tendría que mentirte?»

– «Para ser totalmente sincero contigo»

– «¿Haría yo algo así?»

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