Nada es lo que Era

Publicado por on Abr 27th, 2010 y archivado en Columnistas. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

Por Moira Arévalo Bustos.

Las historias de desastres naturales en la Argentina se repiten: la sequía, la deforestación, el derretimiento de los glaciares, la falta de áreas protegidas (el 7% de la superficie del país está preservado cuando lo óptimo sería el 15%), la contaminación del agua y las controversias que genera el avance de la minería sobre la Cordillera y que enfrenta a quienes reclaman más planificación y límites a la explotación del ecosistema. Ejemplos, lamentablemente, sobran: la posibilidad de que se construya una usina de carbón en Río Turbio llegó a los diarios de Estados Unidos. Otro caso es el de Andalgalá, en Catamarca, donde el Gobierno provincial otorgó en concesión minera todo el subsuelo de esta ciudad de 17 mil habitantes. En caso de avanzar la actividad extractiva, se contempla desalojar el casco urbano y hay un fuerte rechazo de los vecinos. Estos hechos son lo que ocurren en la Argentina de hoy y son aprobados por gente que sólo tiene una idea en la cabeza: ambición sin medir consecuencias.

La tragedia de Tartagal en febrero de 2009 llamó la atención sobre la urgencia de terminar con la deforestación. A cuatro días del desastre, la presidenta Cristina Fernández decretó la ley de bosques. Era necesario que ocurriera tamaña desgracia para que el gobierno nacional se decidiera a firmar la ley por la que durante largos años grupos de activistas como Greenpeace nos hicieron saber de su importancia, y no sólo eso: gracias a la tragedia de Tartagal la presidenta se enteró que en el norte argentino hay pobres…

La sequía es la otra cara de la deforestación: años de desmonte y sin instituciones que se ocupen de regularla llevó a que la pampa húmeda se convierta en la “pampa seca”. La tierra, que según nos enseñaban en el colegio, se destacaba por la fertilidad de sus suelos, ahora se ve afectada por la sequía extrema que ha matado al 70% de sus vacas y los campos han quedados invadidos por el polvo y la arena.

El agua y su manejo es otro problema: mientras la contaminación no se detiene, tampoco cesa el derretimiento de los glaciares y lo hacen a un ritmo mucho mayor a lo previsto. Y si hablamos de contaminación hídrica no podemos dejar afuera a la lamentable postal del Riachuelo.

Las amenazas al medio ambiente son una realidad, sólo falta la decisión política de protegerlo.

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