Las promesas Incumplidas en la historia del proyecto El Chocón

Publicado por on Abr 27th, 2010 y archivado en EL PAIS Y EL MUNDO. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

Neuquén > Si se observa la composición del Producto Bruto Geográfico (PBG) de Neuquén, es decir si se pone la lupa sobre todo lo que se produce en la provincia, se observa que en 2007, último dato disponible en las estadísticas públicas, el sector primario, integrado principalmente por las actividades hidrocarburíferas y la minería (97%) y en muy pequeña proporción por el sector agropecuario (3%), representaba el 52 por ciento del PBG.

El sector secundario, compuesto por la Industria, Electricidad, gas y agua y la Construcción, representaba el 14 por ciento. El 34 restante era, siempre en 2007, el sector terciario o de servicios; desde la administración pública, el principal componente del subsector en la provincia, a las actividades comerciales, turismo y transporte. La foto, que no cambia mucho si se la toma en 2010, aunque quizá haya aumentado levemente el peso de la administración pública, dice lo que casi todos saben: no existe trabajo de investigación sobre la economía neuquina que no destaque la limitación estructural de mediano plazo implícita en la alta dependencia de los hidrocarburos.
 
Diversificación
A pesar de los recursos intelectuales puestos en movimiento, al menos desde la creación del Copade hasta la actualidad, cuando uno de los ministerios de la provincia se denomina de “Desarrollo Territorial”, la diversificación es todavía un sueño lejano. No quiere decir que no se haya hecho nada, solamente que resta un largo camino por recorrer, más cuando el horizonte provincial de reservas de hidrocarburos, tanto de gas como de petróleo, es hoy de 6,8 años por debajo del promedio nacional.
Aunque la realidad es dinámica y este horizonte de reservas podría cambiar radicalmente como resultado de las potenciales inversiones en exploración, la dependencia de los hidrocarburos, en la medida en que no se reduzca, será progresivamente cada vez más un problema que una solución. A la disyuntiva generada suele denominársela informalmente “maldición de los recursos naturales”; la provocada por saber que se cuenta con los recursos de una actividad dominante cuasi rentística y que permite relajarse en la generación de alternativas.
 
El Chocón
Seguramente muchos de quienes apreciaron los recientes festejos del centenario del Dique Ballester, la obra previa que permitió poner bajo riego mas de 50 mil hectáreas y con un potencial de más de 100 mil en el Alto Valle del Río Negro, un resultado concreto de la voluntad política de generar un polo de desarrollo en conjunción con la necesidad de los ferrocarriles ingleses de valorizar las inversiones del tendido hasta Neuquén, habrán recordado las promesas del proyecto El Chocón-Cerros Colorados.
El ex gobernador del Neuquén y primer titular del Copade, Pedro Salvatori, fue uno de ellos. En diálogo con este diario recordó que la realización de El Chocón implicó conseguir el consenso previo de las dos provincias, consenso que difícilmente se habría logrado en caso de explicitarse que la generación hidroeléctrica era la única meta.
 
Objetivos incumplidos
El ex gobernador recuerda todavía un discurso de Elías Sapag luego de sancionada la ley para la construcción de las presas en 1966 bajo el gobierno de Arturo Illia, en el que enumeraba que el primer objetivo era el agua potable para toda la provincia, el segundo las obras de riego para  200 mil hectáreas. El tercero la generación de energía, pero con la garantía de una “tarifa Comahue”.
El objetivo explícito de la tarifa era generar un incentivo fuerte para el desarrollo de un polo industrial. Al mismo tiempo, y para contrarrestar el impacto ambiental  de la inundación miles y miles de hectáreas, se proyectó la forestación de franjas de 500 metros en torno de los nuevos lagos. El proyecto no era sólo estético ambiental, sino que serviría para sentar las bases de una incipiente industria maderera.
Ya bajo el gobierno militar y tras la creación de Hidronor S.E., todos estos proyectos pasaron a segundo plano. Salvatori recuerda que los funcionarios de las provincias ni siquiera podían ingresar a los obradores de la presa, los que se convirtieron, según sus palabras, en un verdadero “enclave feudal” dentro de los territorios provinciales.
Si bien las tres empresas que construyeron el complejo hidroeléctrico fueron, según el ex titular del Copade, “tremendamente eficientes”, y construyeron en tiempo y forma, no se integraron a la región. Por eso durante el gobierno de Roberto Levingston en 1970, quien fuera su ministro de Obras Públicas, Aldo Ferrer, intentó esta integración conformando la Corporación de Desarrollo del Comahue, que copiaba a una entidad similar del Valle del Tennessee. De la corporación formaban parte dos directores provinciales, uno por cada provincia.
 
Los últimos intentos
José Luis Mazzone, ex intendente de la Villa de El Chocón, también recuerda las promesas incumplidas; el riego de 200 mil hectáreas, “cuatro veces el Alto Valle”, la forestación en los perilagos y la Tarifa Comahue. En contraposición destaca que la energía que consume Neuquén, lejos de tener un valor subsidiado, se adquiere en el mercado mayorista en el nodo Ezeiza, lo que supone pagar hasta por retransportarla a la región. Sin embargo, sostiene, no es necesario remontarse a fines de los ’60 para rememorar proyectos inconclusos.
En 2005 se realizó un convenio con la Universidad Ben Gurión de Israel, país en la vanguardia mundial del desarrollo de los sistemas de irrigación, para poner bajo riego 100 mil hectáreas aguas abajo de las presas. Los resultados del trabajo estuvieron listos en 2006.

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