Caperucita Roja ¿tenía celular?

Publicado por on Abr 27th, 2010 y archivado en Cultura. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

Psicología >>

Lic. Mónica Squillacioti.

MPN 721.

Hace unos días recibí una cadena de mail en donde a modo de chiste se relataba la siguiente situación:

“Una madre leía un cuento infantil a su niña de 5 años, le explicaba como Caperucita Roja era interceptada por el malvado lobo en el bosque y las intenciones de éste para con la abuelita… en ese momento, sorpresivamente para su madre y con la mayor de las naturalidades que caracteriza a los niños, la pequeña pregunta “¿por qué no llamó con el celular a su papá y a la abuelita para avisarles?” Pregunta que arrancó una sonrisa a su mamá y que la niña no comprendió “

Este relato generó  en mí una serie de pensamientos que me gustaría compartir con ustedes. Para los adultos es obvio cómo nuestras vidas han cambiado a partir de los avances en las nuevas tecnologías… lo vertiginoso y el esfuerzo que nos demanda “acomodarnos” a  ellas. Recuerdo otros tiempos cuando veía a mi abuela que no podía dominar el control remoto de la televisión mientras mi pequeño hijo intentaba  enseñarle como hacerlo; él había nacido inmerso en el avance de tecnologías y le eran cotidianos.

¿Qué hubiera pasado si hubiera existido el celular en el cuento? ¿Qué hubiera sido del lobo, de Caperucita y de la Abuelita, o de Hansel y Gretel, o de la Cenicienta? ¿Qué sería de los conflictos y las moralejas? ¡¿Qué sería de los cuentos?!

El cuento, más allá de su objetivo lúdico, tiene como función la de transmitir roles, pautas culturales, lo que se debe o no se debe hacer, es decir estructurar socialmente al niño. Los cuentos  anticipan el encuentro con lo diferente, le permite al lector imaginar y pensar un tiempo distinto al tiempo que le es propio y lo habilita a fabricar nuevos mundo. Le propone la ficción, un como sí que propicia diversas identificaciones que lo ayudarán a conformarse como un sujeto social. Es decir que entrena a los más pequeños en el proceso de simbolización. Cuando a un niño le leen  un cuento, consolida la imaginación y desarrolla la capacidad reflexiva; hay circulación de deseos, personajes que llaman a identificarse: odios, amores, tristeza, piedad, maldad; y conflictos que atraen al lector y lo lanzan a la reflexión de posibles soluciones…todo esto puede encontrarse en un cuento.

Me pregunto ¿Cuáles serán los efectos que produzcan la inclusión de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana de los niños?

Los avances tecnológicos nos obligan a la inmediatez de las cosas. La pequeña niña del relato buscó una salida rápida al conflicto que se presentaba en el cuento. Pero los adultos también buscamos soluciones rápidas, que impliquen poco esfuerzo y trabajo. Un ejemplo patético de ello es la publicidad “Llamé ya” que garantiza satisfacción total y sin esfuerzos (salvo el económico!) como si todo se pudiera lograr “ya”  restando tiempo a los espacios reflexivos y de trabajo para lograr un objetivo. No nos engañemos, nosotros “nos dejamos arrastrar” a eso.

Pensemos en la cantidad de canales de que  disponemos al encender el televisor, y “nunca hay nada para ver” ¿es posible? El zapping continuo, el bombardeo de información, los constantes estímulos de las campañas publicitarias etc.

Esta inmediatez tiene sus consecuencias. Nos encontramos con jóvenes con poca capacidad de escucha y crítica. Es lo que se ha denominado en la post modernidad como el hombre “light”, ligero. Se trata de un hombre que puede acceder fácilmente a cualquier tipo de información, pero que no se detiene a hacer una crítica debidamente fundamentada de ella. Como tampoco se detiene a preguntarse por él y por sus proyectos, sino que se embarca en una vorágine diaria típico ejemplo de las grandes ciudades. Y por otro lado vemos las consecuencias adversas de un sistema perverso de producción y globalización que llevan a las clases más carenciadas a la indigencia y al desconocimiento absoluto de esas tecnologías.

Lo cierto es que también las nuevas tecnologías nos facilitan la vida diaria. Nos permiten mantenernos informados y comunicados con cualquier parte del mundo, ver y conversar con nuestra familia (que se encuentra a miles de kilómetros o a los que están a la vuelta de casa) y hasta poder compartir virtualmente un momento de cena o mates con ellos. Ni hablar del celular… que cada vez son más sofisticados y con mayor cantidad de servicios, que a uno lo asombran su “pequeñez y que hagan tantas cosas”.

Pero como es bien sabido,  en la vida existen los extremos que nunca son buenos. Aristóteles diría que la gran virtud humana radicaría en encontrar el punto medio de las cosas ¿existe tarea más difícil que esa? Y sobre la falta de ese punto medio, la humanidad tiene mucha experiencia… Niños pequeños en poder de celulares costoso, y niños que deben caminar horas bajo el calor o el frío para llegar a la escuela. Jóvenes que solo se comunican mediante mensajitos de textos y se cuentan “todo” a través de este medio o en el chat, en lugar de encontrarse para conversar en la esquina de casa (algo que se ha convertido en impensado debido a los problemas de inseguridad).

Las nuevas tecnologías favorecen, acercan, informan; pero también alejan. No es lo mismo establecer lazos sociales con un “otro” referente, que contiene y escucha que hacerlo con un “otro”  virtual. Pero como es de esperarse, los efectos de este tipo de nuevas relaciones, son  teóricas y solo vamos a poder apreciarlas concretamente dentro de algunos años. Por lo pronto puedo asegurar que tanto cambio, no es sin consecuencias.

Estimado lector,  si usted ha leído estas líneas, espero haber logrado mi cometido: generar un espacio de reflexión. Lo invito a pensar en  la influencia de las nuevas tecnologías en nuestra vida cotidiana, y sobre todo, en la educación de nuestros hijos.

1 Respuesta en la noticia “Caperucita Roja ¿tenía celular?”

  1. Sebastián dice:

    Muy buena reflexión. Y justamente quizá paradójicamente, caemos en la tentación del hacer por hacer o hacer haciendo. Quiero decir, a veces la tecnología, no muy amiga de los que somos grandes, tienen efectos positivos en los más pequeños. En el mundo en el que vivimos, muchas veces despojado de espacios íntimos, la tecnología nos ayuda a sacarnos esa máscara cultural y ser más transparentes, auténticos. Pros y cons, dilema post moderno. Reflexión en tiempos de crisis humana. Aguantemos.

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