«La poesía puede ser liberación»

Publicado por on Abr 26th, 2010 y archivado en Cultura. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

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El poeta español, ganador del premio Cervantes, visita Buenos Aires para participar en la Feria del Libro y presentar un documental sobre su vida.

Por Daniel Amiano
De la Redacción de LA NACION

«Vengo de la penuria y del trabajo alienante.» Así sintetizó su vida y su obra Antonio Gamoneda al recibir el premio Cervantes en 2006. El poeta español, una de las voces más destacadas del último medio siglo, llega a Buenos Aires para participar del Festival de Poesía que se desarrolla en la Feria del Libro y acompañar la presentación del film documental Escritura y alquimia, producido por la Universidad Nacional de San Martín y el Círculo de Bellas Artes de Madrid y dirigido por Enrique Corti y César Rendueles.

La obra de Gamoneda está marcada por el tema delhambre y la pobreza. Nacido en Oviedo en 1931, tres años más tarde se instaló con su madre en León, ciudad que nunca abandonó y que le dejó una huella profunda cuando en 1936 estalló la Guerra Civil. Aprendió a leer con el único libro de poemas que había publicado su padre (fallecido cuando él tenía un año), y al día siguiente de cumplir 14 tuvo que dejar los estudios y empezar a trabajar en una entidad financiera, en la que permaneció 24 años.

Entre sus libros se destacan Descripción de la mentira (1977), Blues castellano (1982), Libro del frío (1992), Libro de los venenos (1995), Arden las pérdidas (2003) y Cecilia (2004). Su obra poética completa se reunió bajo el título Esta luz. Para esa edición, el autor realizó muchas modificaciones en los textos que ya había publicado. El año pasado Gamoneda dio a conocer Un armario lleno de sombras, su libro de memorias que abarcan los duros años de su niñez, entre 1936 y 1945.

Antes de viajar a Buenos Aires, el poeta, al que le gusta decir: «Sé más de vinos que de poesía», respondió por correo electrónico las preguntas que siguen. La única condición que puso fue que el cuestionario no fuera muy extenso, porque quien maneja Internet es su hija.

-¿Cómo se ve dentro de la poesía contemporánea en nuestra lengua? ¿Encuentra coincidencias entre su voz y la de muchos poetas americanos, digamos, de Vallejo para acá?

-Colocándonos en años posteriores a los de la Guerra Civil, me creo relativamente -no por completo- ajeno a las tendencias dominantes en España. La poesía social de los años cuarenta, legítima en sus contenidos morales pero cualitativamente pobre, quiso ser estilísticamente enriquecida por mis coetáneos de la llamada generación del 50 (más «llamada» que realmente existente). Coetáneos y muy distintos fueron también otros muy importantes poetas (Claudio Rodríguez y José Ángel Valente, por ejemplo). Al realismo estilizado del resto generacional, le ha sucedido una promoción que practica lo que yo llamo «minirrealismo». Vivo, no me atrevo a considerar poeta grande más que a uno, olvidado hasta por sí mismo: Manuel Álvarez Ortega. En la segunda mitad del siglo XX existen, sí, poetas correctos y hasta notables y muy notables, pero grandes poetas, no acierto a localizar más que los que he mencionado. La mía es, claro, una opinión indecisa y quizá subjetiva en exceso. En los jóvenes actuales, en los más jóvenes, parece pronunciarse la voluntad de estar en la tradición, sí, pero no en términos regresivos, sino en su vanguardia, en la tradición que avanza. En cuanto a mí, debo más a los grandes simbolistas franceses (Rimbaud, Mallarmé) y a los grandes iberoamericanos (Vallejo, Wesphalen, Eielson, Olga Orozco, Gelman) que a mis compatriotas. Quiero dejar claro que las premuras y el olvido harán que, injustamente, no aporte nombres, tanto españoles como americanos, que debiera aportar.

-Usted aprendió a leer con el libro de poemas de su padre, Otra más alta vida, ¿cómo recuerda esa época y de qué manera lo marcó?

-Era el segundo semestre de 1936 y el primero de la Guerra Civil. Las escuelas estaban cerradas. El libro de mi padre me proporcionó el conocimiento de los signos de escritura y, al mismo tiempo, hizo natural en mí la percepción del pensamiento poético.

-Las penurias, el hambre, la muerte atraviesan casi toda su obra y reflejan su infancia en aquellos años terribles de la Guerra Civil. ¿En qué sentido lo ayudó la poesía?

-La poesía no sólo es creación, puede ser también liberación. El hecho poético puede convertir el sufrimiento en un poema, en un objeto de arte cuya materia son las palabras. Y el objeto de arte comunica una suerte de placer. Extraña pero real antítesis.

-¿Tiene algún método para escribir? ¿Alguna manía? ¿Sabe de antemano el tema del poema o se le aparece de otra manera?

-Nunca tengo un proyecto ni una previsión temática. El pensamiento poético es pensamiento rítmico en mayor graduación que pensamiento reflexivo o informativo, y es el pensamiento rítmico, vigilado sin gran deliberación, el que nos proporciona las significaciones y los conocimientos poéticos.

-¿Cuáles son sus poetas fundamentales y cuáles destaca de la poesía actual?

-Añada usted, a los que ya nombré, la Biblia, San Juan de la Cruz, Góngora, las letras jazzísticas, García Lorca (genial en sus altibajos), Saint-John Perse, quizá… ¿Actuales, actuales? No me atrevo a aventurarme.

-¿Cómo ve la poesía que se escribe hoy en España y la que se crea en Latinoamérica? ¿Ve diferencias importantes entre ellas?

-En términos generales, no me parece una gran poesía la española que se estima consolidada. Confío en los jóvenes, en el futuro poético, quizá próximo, de los jóvenes. La de América latina, en conjunto, me parece más sólida (puede haber una razón demográfica) que la de España. Pero me acuso de un desconocimiento que no sé si es perdonable. Gelman, Gonzalo Rojas, Nicanor Parra son grandes poetas vivos. Creo que los poetas iberoamericanos han sido y son más permeables, más inteligentemente sensibles en relación con la poesía de otras lenguas.

-Un armario lleno de sombra me parece doloroso y bello. ¿Qué lo llevó a escribirlo? ¿Cómo se lleva con la memoria, que a lo largo de su obra es un poco la muerte y los olvidos?

-Digo al final de estas memorias que consisten más en un reencuentro existencial con lo que fui, con lo que fuimos, que en un ejercicio literario. Se trata del inventario de mis pérdidas, un inventario predominantemente doloroso.

-¿Qué lo atrae de la Argentina? ¿Qué poetas y qué vinos?

-He citado a Orozco, que ya no vive, y a Gelman. No contesto más y mejor a la primera parte de su pregunta porque no sé hacerlo. Estoy pensando, claro está, en poetas vivos, y se da un lamentable, y creo que recíproco, desconocimiento entre nosotros. Tengo un grato recuerdo de algunos vinos; blancos, principalmente.

-¿Cómo se vio en el documental Escritura y alquimia?

-Me vi, ¿cómo decírselo?, excesivamente a mí mismo. Es una excelente película producida y dirigida a medias entre Argentina y España; pero echo en falta a los míos: mi mujer, mis hijas, mis amigos…

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