Una amenaza cotidiana

Publicado por on Abr 18th, 2010 y archivado en LOCAL Y REGIONAL, Periodismo Ambiental. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

Por Moira Arévalo Bustos.

Hay un agente contaminante que aparenta ser inofensivo, es el más barato de producir y necesita muy poca energía pare ser emitido. Es complejo de medir y cuantificar. No deja residuos. No tiene un efecto acumulativo en el medio, pero sí puede tenerlo en el hombre. Tiene un radio de acción localizado. Es un contaminante silencioso y bastante subestimado. Es el ruido, por más paradójico que suene.
El oído humano sólo puede soportar ciertos niveles máximos de ruido, pero el nivel que se acumula en algunas ciudades supera ese máximo. Algunos ruidos de la ciudad se encuentran por encima del «umbral del dolor» (120 dB.). Estos ruidos pasan a formar parte de la contaminación acústica de una ciudad y deben ser restringidos y controlados para mantener la salud de los ciudadanos. Hablamos de contaminación auditiva. Esto se produce cuando grandes elementos generadores de ruido en conjunto provocan un alto nivel sonoro que puede llegar a perjudicar la integridad física y psíquica de los habitantes.
El ruido tiene diversos efectos sobre las personas. El más conocido es la hipoacusia o disminución de la audición, que se produce ante la exposición a sonidos extremadamente fuertes durante breves instantes. Vale decir que las células del oído no se reproducen por lo tanto el daño generado es irreversible. Otros efectos del ruido son: aumento de pulsaciones, modificación del ritmo respiratorio, tensión muscular, presión arterial e inclusive, en los niños puede llegar a producir disfunciones en el crecimiento.
Este tipo de contaminación es otro de los daños colaterales que se producen por el desarrollo de las ciudades y la concentración de población que esto atrae. Por lo tanto para poder revertir los efectos nocivos del ruido es importante analizar la manera de descentralizar las actividades económicas, la población y en general, todo el desarrollo del país de las grandes capitales, ya que todo esto trae gente y la gente, se moviliza y al movilizarse utiliza transportes que hacen ruidos, convirtiéndose en uno de los principales contaminantes acústicos. O sea, una mejor distribución del país, para que la capital no sea el único motor de desarrollo.
Evidentemente, el ruido es mucho más que una molestia. El ruido es un peligro real y efectivo para la salud y lo que hace aún más preocupante a la situación es que nadie es inmune al ruido. Entonces, y aunque sea una expresión muy común: el silencio es salud! Reduzcamos el ruido para así ser una sociedad más sana. Sí, ya lo sé: cuento con vos porque aquí hay semilla para mejorar el mundo; hay semilla para volver a creer.

1 Respuesta en la noticia “Una amenaza cotidiana”

  1. Interesante nota sobre la contaminación acústica, muy olvidada y descuidada

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