El futurismo aterriza en Buenos Aires

Publicado por on Abr 13th, 2010 y archivado en Cultura. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

Monumental muestra en la Fundación Proa, con obras quevienen del Museo de Trento, dueño del mayor patrimonio futurista del mundo. Pintura,música, danza, fotografía, moda y objetos de un movimiento revolucionario cuyo efecto aún no ha terminado.

Por algún motivo difícil de precisar, la historia del arte nos ha legado una versión simplificada del futurismo, el movimiento artístico creado por Filippo Tommaso Marinetti en 1909. Los libros suelen datar su origen en los años previos a la Primera Guerra Mundial, e identificarlo con las producciones de poetas, pintores y escultores como el mismo Marinetti, Umberto Boccioni, Carlo Carrà o Giacomo Balla. Pero ésa es sólo una parte de la historia, como lo demuestra El universo futurista: 1909-1936 , la exposición curada por Gabriella Belli, directora del Museo de Arte Moderno de Trento y Rovereto (MART), que se presenta en la Fundación Proa.

El futurismo nació con un manifiesto, como la mayoría de las vanguardias artísticas de comienzos del siglo XX. Allí, Marinetti arremetía contra las academias y los museos que ensalzaban el glorioso pasado italiano y paralizaban a los jóvenes creadores. Con prosa combativa, abogaba por la destrucción de la tradición y la celebración de la vida moderna, las máquinas, la velocidad y el dinamismo urbano. En una frase, hoy famosa, resumía esta postura estética: «Declaramos que el esplendor del mundo se ha enriquecido con una belleza nueva: la belleza de la velocidad. Un automóvil de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo… un automóvil rugiente, que parece correr sobre la metralla, es más bello que la Victoria de Samotracia «.

El futurismo tuvo diferentes etapas y protagonistas. Tras la publicación del manifiesto en París, cinco pintores se sintieron inmediatamente identificados con sus ideas: Umberto Boccioni, Giacomo Balla, Gino Severini, Carlo Carrà y Luigi Russolo. Ellos firmaron un Manifiesto de la pintura futurista en 1910, y se convirtieron en sus principales exponentes. En sus obras, plasmaron una serie de innovaciones formales que enarbolaron como aportes propios de la estética futurista: la representación visual del movimiento, la disolución de las figuras, la creación de líneas de fuerza compositivas, la interpenetración de los cuerpos plásticos. Boccioni extendió estos principios a la escultura, al abrir los volúmenes escultóricos al espacio circundante. Y Marinetti hizo lo suyo en el ámbito de la poesía, cuando propuso la independencia de las palabras de las normas de la gramática, el uso de las onomatopeyas y la variación tipográfica como medios para ampliar los sentidos: una escritura basada en las «palabras en libertad».

Sin embargo, el movimiento no se limitó a estos recursos, más bien tradicionales. En 1913, Luigi Russolo abandonó la pintura para dedicarse al sonido, e incorporó los ruidos maquínicos al campo de la música. Para esto, creó unos instrumentos especiales, los Intonarumori , y completó su tarea con la redacción del manifiesto El arte de los ruidos . Antonio Sant´Elia propuso una arquitectura futurista de conglomerados urbanos y edificios industriales, construidos con materiales novedosos y ligeros que reemplazarían la madera, la piedra y el ladrillo. Y los hermanos Arturo y Anton Giulio Bragaglia experimentaron con la fotografía y el cine, buscando nuevas formas de representación del movimiento y el dinamismo en los medios artísticos técnicos.

En 1915, Giacomo Balla firma, junto con el joven y entusiasta Fortunato Depero, el manifiestoReconstrucción futurista del universo , que abre otra etapa en el desarrollo de esta escuela. En él se propone ampliar el campo de acción del futurismo a todos los aspectos de la cotidianidad: la moda, el mobiliario, la publicidad, la decoración, el diseño gráfico, el teatro, la danza y la cocina. Decenas de manifiestos apoyan esta nueva orientación que, en plena guerra, abandona momentáneamente los problemas exclusivos del mundo del arte para centrarse en la vida y la ciudad como ámbitos para la experiencia estética. Así, por ejemplo, la moda ya no se piensa asociada al individuo que la usa, sino como una intervención en el espacio público, y trajes exóticos y coloridos comienzan a poblar las calles a la manera de una verdadera performance urbana. Este costado vital del futurismo es el protagonista de la exposición que se exhibe en la Fundación Proa. Recuerda que el movimiento no se limitó, como a veces se piensa, a la producción conservada en los museos, sino que contempló además el cuestionamiento institucional que caracterizó a las vanguardias más relevantes de la historia del arte. Muestra también la capacidad irradiante del movimiento, que rápidamente encontró adeptos en todas las áreas artísticas, que se renovaron de manera singular.

Marinetti no sólo fue el padre del futurismo, sino también su gran promotor. A lo largo de su vida realizó incansables viajes para pregonar las máximas de su estética, desde Rusia hasta la Argentina. En todas partes encontró adeptos y detractores. Sus aportes fueron fundamentales para la aparición y el desarrollo de escuelas y estilos, como el rayonismo ruso, el vorticismo inglés y el estridentismo mexicano.

Sin embargo, sería un error creer que el futurismo se reduce al pensamiento y a las proclamas de Marinetti. Aunque éste siempre ha sido una figura importante, la estética futurista se alimentó también del trabajo y la visión creadora de numerosos artistas, que muchas veces extendieron las ideas de su mentor mucho más allá de los ámbitos por él imaginados. El universo futurista: 1909-1936 evidencia ese enorme potencial creativo y las múltiples derivaciones que adoptó el movimiento a partir del núcleo fundador inicial. Incorpora la obra de algunos de sus protagonistas menos conocidos en la Argentina, como Enrico Prampolini, Nicolaj Diulgheroff o Tullio Crali, y obras fundamentales de su fase final, la «Aeropintura», que cobró vida hacia la década de 1930. Pero fundamentalmente, trae por primera vez a la Argentina la producción de una de las corrientes estéticas más originales e influyentes, sin la cual no es posible comprender, en toda su dimensión, la vanguardia artística del siglo XX.

1 Respuesta en la noticia “El futurismo aterriza en Buenos Aires”

  1. Vanesa dice:

    Me gustaria saber quien es el autor de esta obra porque me resulta sumamente interesante, muchas gracias

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