Mario Vargas Llosa reivindica la cultura de élite para no ser autómata

Publicado por on Abr 9th, 2010 y archivado en Cultura. Sigue las actualizaciones de esta noticia mediante RSS 2.0. Puedes dejar una respuesta a esta noticia.

El escritor peruano Mario Vargas Llosa reivindicó hoy la vuelta a los valores de la cultura de élite si el ser humano no quiere «proceder como autómata» hacia su «desintegración».

Durante la primera jornada de la Cátedra de la Corte Suprema de Justicia celebrada en Lima, el intelectual criticó cómo los límites entre cultura elitista y popular se han diluido hasta dar relevancia a lo inculto.

«El infierno está empedrado de buenas intenciones», dijo el autor de «La ciudad y los perros» para explicar que no todas las culturas necesitan ser equivalentes para existir.

En su opinión, a la cultura clásica se le han unido otras como la de la «pedofilia, la marihuana, el punky o la estética nazi», por lo que ya nadie es inculto o, dicho de otro modo, «todos somos cultos» de alguna manera pese a no haber leído un libro o asistido a una exposición de arte.

Desde el estrado levantado en el Palacio de Justicia peruano, Vargas Llosa no dudó en señalar que esta «chabacanería», puesta en valor a partir de los sucesos ocurridos en París en mayo de 1968, está «compensada por el humorismo y la forma en que representa las experiencias humanas más compartidas».

Sin embargo, para el escritor peruano, el intento de acabar con las élites, ese «cuerpo exclusivo de pedantes que monopolizaban el saber», no fue más que una «victoria pírrica» puesto que se perdieron las jerarquías necesarias para valorar la realidad.

En este sentido, recordó el papel de la cultura como «aquella brújula que sirve para orientarse en una maraña de conocimientos» y para, finalmente, distinguir el camino principal de las «desviaciones inútiles».

Durante su disertación, el escritor hizo un llamamiento por recuperar la cultura en general frente al conocimiento limitado de los especialistas.

Gracias a la especialización, señaló, el ser humano consiguió llevar naves espaciales a las estrellas o reducir el analfabetismo a sus niveles históricos más bajos, si bien este conocimiento limitado está tan lejos de la cultura como lo está «el hombre de Cromagnon de los hombres de (Marcel) Proust».

 Asimismo, el premio Cervantes de 1994 se refirió a las artes y las letras como el «denominador común de la cultura», capaces de ampliar los horizontes del pensamiento más allá de la especialización.

 Frente a los juegos de malabares que practicaban intelectuales «libertarios» como Michel Foucault o Jacques Derrida, el autor de «Conversación en la catedral» reivindicó mayor seriedad en el pensamiento, así como una vuelta a los valores morales y a la calidad de la crítica literaria.

 «Hemos hecho de la cultura uno de esos vistosos castillos de arena que se deshacen al primer golpe de viento», concluyó.

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